Junio

Antes que junio termine decir que marzo fue un sueño, que abril fue un regalo, que mayo fue muy bello, y que junio recogió del árbol el fruto del mango más jugoso de toda la cesta…

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Poesía

¿Y si una poesía fuera solo esto?  Escribir desde dentro, sacar palabras y aplastarlas contra el aire, escuchar los ruidos de la calle para contenerlos en un objeto-corazón, partir de ello e ir hacia lo que nunca supo que fue.

Si poesía fuera solo escribir en un papel las mañanas de mermelada y pastillas y las noches de pastillas. Escribir bajo la música del llanto, sobre el silbido del pájaro que vuelve en verano, entrar en la calle tapiada del pasado de los recuerdos en blanco y negro, vivos, presentes…

Si poesía fuera yo o fueras tú, y si palabras fueran las hormigas que ya estaban, el agua que bebemos, el viento que permanece en su movimiento estático. Poesía, todos.

Si las palabras no fueran versos pero compusieran versos, no fueran poemas pero rimasen, no construyeran narraciones pero contaran una vida… ¿Sería eso poesía?

La mañana y la noche en el universo que no se comprende, la fe que no se entiende, la transparencia y la materia, la muerte y el amor, el deseo y la constancia. Todo lo que se escribe bajo una vela… ¿Es eso un poema? ¿Es una voz, es una palabra, es una imagen, es el alma? ¿Tiene la poesía voces, palabras, imágenes o almas?

Si supiera lo que es poesía escribiría una. Ahora que soy dolor y soy amor. Ahora, que es ahora y ya no volverá. Ahora, que escribir es aplastar y sacar, masticar y quitar, pensar y lamer, desear y tener, vivir y querer. Ahora, justo ahora, me encantaría poder escribir una poesía. Para ti, que eres en mi. Para mi, para poder decir que soy en ti. Para nosotros, que somos en el mundo. En el mismo mundo poético que guarda la vida y el negro. Ahora que nos amamos, quisiera saber escribir una poesía de amor. Para ti.

 

Huele a mar

Hay un refugio en el fuego, una música que amansa, un saxo que busca la trompeta. Y todo es impersonal, todo es imperfecto. No funciona nada y nadie viene a por nosotros. Hay un refugio en el fuego. Y los animales están adentro. Y no hay personas fuera. Hay animales dentro y fuera. Y el fuego dentro.

Hay ordenadores, papeles y libretas, bolis y las manos. Pero las manos dudan, y todo es impersonal, todo es imperfecto. Nos comemos. Nos comemos lo que no debemos y lo que tenemos está fuera. Como los animales, como el otro fuego. Como tú.

Tú también adentro, y dentro, y conmigo, y la trompeta, y el fuego. Algo se retuerce en un sonido que no se escucha. Solo el silencio que sale del fuego de adentro, suena.

Tu casa, la casa vieja, la que se quemó con el cuerpo de los animales dentro, incendiada por trompetas y sexos que se destrozaron en un concierto impersonal, imperfecto.

Huele a fuego y aún no has prendido la cerilla. Es el olor de ayer, el algo que quedó en las paredes de piedra, la chispa que nunca saltó y se quedó en la hierba.

Existe el premio y el precio. El sentido y la daga. Veo. Y no sé cómo decir que sé que pasará. No puedo ni escribirlo aunque vea tu rostro al pasar la mano…

Huele a un fuego que se enciende y se apaga. Huele a concierto. A sexo. A mar…

Luz de luces

Algunas luces que se encienden nunca se apagan. Sin bombilla, sin cable, sin motor. Existen por su propia luz, por sus sombras…

Luz de luces blanca y mate, alógena en sus delirios, lámpara en su desespero, vela que navega. Se enciende sin botón para apagar, nace del vientre, luz para el cuerpo que el alma sigue sin instinto.

Hay negros que solo iluminan las luces que nunca se apagan. El final es luz, y el camino el reflejo, y la vida la pupila. Luz del desierto. Ilumina.

Luz de luces que recorre la sangre y los huesos, radiografías crónicas del infante perdido, de aquel adulto que fue y no pudo ser, del intento de vivir apagado y llegaste cuando estaba ya seca para encenderla.

La mañana, es hoy.

Llueve

Llueve y lo uso como palabras para el poeta y me limpio.

Hay bellotas, ardillas, y un horno preparando platos ricos.

Hay frío fuera y calor dentro. Aire fuera y aire dentro. Luz. Luz de lunes…

Llueve y me mojo como si fuera un pájaro: con alegría, con esperanza, con deseo…

8/8/14

Tocar el cielo blanco cargado de humo y sangre.

Inventarme, de nuevo, un cuerpo que funcionara, y un cuerpo que funcionara.

Querer a alguien, comer, besar, cantar. No sé bailar. No sé si sé bailar.

Jugar a entrar y jugar a salir, difuminar el alma para entrar en coma, mirar por la ventana.

Alcanzar las posibilidades enteras de las manos cuando los pies no caminan.

Dividir el cuerpo, dividirlo todo.

Quedarse con una mitad neutra y de manzana, sin adjetivos y menos adverbios.

Sin correr, sin soñar, sin vivir, sin beber…

 

Poner camiseta

Hay una camiseta tuya guardada que ya no voy a ver cómo te la pones ni cómo te la quitas. Tampoco te la voy a volver a quitar yo, ni tú me la vas a volver a poner a mí. A arrancar, a masticar, a tragar… Poner. Ponerme tu camiseta guardada, sacarla de ahí y entrarla en mí: ancha, corta, gastada. Tan lavada como nuestra historia, tan planchada, como nuestra curva. Tan arrugada, tan sucia, tan bonita. Y no la veo pero pienso en ella, en él, en que está lejos la camiseta y lejos tú, y acercándome a la prenda no lograré más que olerte de lejos, en los poros del algodón orgánico, suave, caro. Y tampoco veo la manera de deshacerme de mí ni de la camiseta, tampoco del zapato suelto, la maleta del enigma, la postal de la barca… Y ponerme tu camiseta sería como quitarme la piel, como ponerme un ángel encima que ya no me toca, ni me mastica, aunque me quite la camiseta yo. Y si yo me la quito, la mía, y la guardo con el olor a día, con las letras del día, con las luces que no has encendido, ahí queda. Y la guardo cerca o lejos de la tuya. Y pienso en ti. A través de la camiseta que me recuerda que además del zapato suelto hay un abrigo bonito, y libros de amigos, y vapores contenidos en los sobres abiertos. Contenida de ropas viejas y ocupando esquinas nuevas, rastreando si hay más camisetas y postales en el horizonte, tanteando la noche, amiga, qué bien me sienta caminarte…

 

Marinera

No llueve en la mar soleada y tranquila con tiburones. Los ojos, despojados de viento, buscan el humo en el agua tratando de evitar cualquier sombra. Voy en tren. Silba la luna. Y por dentro oscurezco la mañana con leche. Sin leche. Sin carne. Sin sexo.

Suena mañana. Algo que sabe a mar y a red, a mar y a barca, a mar y a yo.

Remo versos de deseo y de realidad. Armo un castillo de aire que escupe fuego y pechos.

Te espero en la sombra del horizonte. Con los lomos y los poros y los locos en las ruedas. Con el detalle de la lupa vieja que lo ve todo de lejos y mira al mar de la carne con una ciega nostalgia escondida entre las rocas.

Al agua, marinera.

A veces

Sueño. Como hoy. Como hoy no. Como ahora. Con esta brisa fría por encima y cálida por debajo. Con esta luz. Con esta boca. Con este cuerpo, incluso. A veces. Sueño.

30/06/14

El corazón no se calma, los ojos no se apagan, la voz no puede quedarse dentro. Es una noche cualquiera especial, con las mismas estrellas que ayer y una nueva que ha brillado un corto tiempo. Palpo deseos que se trazan entre espinas y curvas torcidas, blancos de lino terso entre arrugas de polvo masticado por las hormigas, luces encendidas, se levanta el telón. Y ese punto de inflexión que no sabes en qué punto empezaron a cambiar las cosas pero están ya moviéndose, hace tiempo, hasta hoy. Y siendo consciente pero sin querer darte mucha cuenta intuyes el momento, la curva torcida recta que trazaste en aquella respuesta, en aquella decisión, en aquel movimiento. Tejiendo las alegrías y las suertes, los colores de la noche y las sobras del día, cosiendo los pedazos que van cayendo de ti, de los tuyos, del techo, del cielo… Te duermes en esta noche nueva: el corazón disparado contra las almohadas limpias, los ojos abiertos aunque dormidos y apagados, la voz, la que busca las palabras entre palabras y letras y te busca para decírtelas pero solo encuentra la pared blanca, la voz, sin besos, que no puede quedarse dentro.

35 Alegrías

Una alegría se destapa. Cuidado, hay luz. Qué suerte, una alegría. Silencio. Otra. Con esta ya van dos. Dos alegrías en una semana. Y el corazón galopando salpicando taquicardias, los dedos ansiosos de entrar en nuevas manos, los ojos puestos ya en el lugar nuevo, paredes lisas, silencios por escuchar. Y te moverás y serás una nueva vecina de ti misma, interrumpiendo los ascensores y la cola de la panadería, irrumpiendo el pijama. Qué suerte, una alegría. Y querer ir a comprar vestidos nuevos. Y querer leerlo todo de golpe, diseñar nuevos paseos con nuevos puntos de llegada y de salida. Mapa de la suerte, felices treinta y cinco.

Junio raro

Junio, polvo, calor, agua. Pasa el autobús de lejos y los vecinos ya están de vacaciones. Todos lejos. Solo yo. Subo a lo alto de la montaña y miro. No hay nadie. Subo a lo alto del fondo del mar y respiro, el aire es todo para mi. Para trabajar los acentos, para reducir las repeticiones, para cambiar de casa.

Encontrarás cosas nuevas que junio ha traído de lejos para tus cervicales, para tu culo. Faltan sillas, sobran limones, ellas no vendrán. No hay nadie, pensabas que vendrían. Y te vas a la cocina, a cortar un pez, a ver si el olor te despierta y consigues hablar con alguien…

10/06/14

A tragar un poco de luz, a ver si se me ilumina la cara.

A beber un poco de agua… Igual, a mucho beber, más ver.

Voy a calentar la comida, a ver si me excito; y a pasear, para mover el alma.

Mientras tanto apagaré la música y dormiré un rato.

Dejaré una lavadora puesta, para generar ideas nuevas.

También regaré, para purificarme,

y hablaré con alguien, para hablar más conmigo…

Escupiré tratando de esquivar los fantasmas y antes de irme cerraré con llave, para que nadie se lo cuente a nadie.

Hasta que llegue el silencio con la ventana abierta y los ojos muy cerrados.

3/06/15

Que nada se trague la luz, que la noche escupa al aire, que el aire cure las manchas, que las manchas enseñen placer, que el placer emita sonidos, que el sonido sea suave, que lo suave acaricie las heridas. Te acaricias. Las heridas.

Fragmento

Eres: la vida, la escritura, parte del mar, el grillo, la madera, la opulenta buganvilla. Eres el lejano sentido de algo que nunca pasó, el cercano pájaro que, al cambiar de rama, marca en el aire la última nota de la noche. Eres lo que nunca tuviste y siempre quisiste haber podido pedir. Quieres poder pedirlo alguna vez.

Cama sola

Palabras, sirenas y silencio, noche de cigarros. Un rayo apunta a mi cara y la ventana a un vaso de agua. Otro rayo apunta a mi casa y la cara a un espejo de agua. Hay tormenta, por dentro y por fuera. Hay un minúsculo choque de ángeles que salpican sangre desde arriba. Hay tormenta desde abajo. Y el cuerpo atrapado en el centro de la noche: eterna, cuerda, fosforescente. Y el cuerpo pide flotar, pide volar. Y a cambio le dan pan y cama, cama y agua, cama sola.

 

La cama está sola porque ha lavado todas las preguntas. Se enciende la cama con el rayo y te retuerces entre palabras y aguas. Y te dan pan y cama, cama y agua, cama sola.
Y te quedas sola en la cama, estirando un pie que no tiene piel, que no encuentra un dedo, que arde cuando todo está helado. El pie fuera de la cama y el corazón roto, a pedazos, debajo del colchón. ¿Te vas?

Vacía

Y la cama está vacía, y la libreta está vacía, y la nevera está vacía, y la maleta está vacía, y la música está vacía, y la habitación está vacía y las manos están vacías y la ventana está vacía y la basura está vacía y la pared, llena. Y la noche está vacía y la boca está vacía y los besos están vacíos y la luna…

21/05/14

Repaso el teclado y me pica. Veo un rayo contra la ventana. La noche se enciende mientras me desvanezco en el último suspiro de las manos gastadas de alergias.
Dormís y os pienso, os siento, os escucho soñar en mi cabeza como parte de mi. Un trozo grande, un trozo importante.
Somos tribu. Somos manada. Somos familia. Somos grupo. Somos parecidos. Somos únicos.
Y solo soy yo.

19/05/14

¿Y si el día fuese vertical y la noche horizontal?
¿Y si nunca hubiésemos visto el mar, o aquel sol, o aquella luna?

Y si nunca hubiésemos sufrido, tanto, a cambio de una vida.
Y si nunca hubiéramos gozado: con la lengua, con el poro, con el codo.

Y si el otro, hubiese estado sufriendo o follando, tampoco nunca hubiese visto el aire en el mar ni en las olas. Y si el otro no te conoce, y no sabe nada de tu vida, y si te descubre, o no te conoce nunca.

He visto el tiempo pasar por encima de las islas.
He vuelto a sentir la noche: larga, serena, abierta, tranquila…

Ahora existe

Ahora es como nunca. Alzo el cuello, escucho animales que me dicen, estoy poseída por la luna. Las noches no son así: ya no son así, fueron así, volverán las gaviotas. Volarán las lagartijas. Y en el silencio tan lleno de hondo mar y tierra honda tan viva, y tan muerta… no te oigo. Ahora es como si no fuera. Creer que ahora existe podría hacer peor a mañana. Creer que ahora existe podría ser peor que soñar, o que creer que podemos soñar. Toco la noche y la desnudo: de palabras, de nubes, de ruidos, de chinchetas, dolor. Es como si no fuera. Ni yo ni nada. La noche en la isla de la verdad. La noche de piedra seca y viento y verdad.

#Formentera

Construir la noche

Tengo que dormir y no puedo.

Voy a beber, a comer, a fumar y a mear, a ver si se me pasa.

Pero: Oh, no! De camino al baño veo la luz, de fuera hacia dentro, atravesando las cortinas turquesas!

Y: Oh, sí! El día ya se ha hecho día y yo quisiera la oscuridad más larga!

(Caliento el agua, saco la ropa tendida, riego las plantas, leo, escribo, fumo medio cigarrillo, como una tostada con mermelada y mantequilla, me tomo pastillas, vivo en la cama).

Tengo que dormir más. Voy a construir la noche.

Con una colcha de lino en la espalda y una poesía en los ojos.

Con una mano en el pecho y el pie fuera de la cama.

Voy a construir la noche. Porque tengo que dormir, y no puedo…

Cuadros de noche

Cuadros de noche:

De un cielo mar o una montaña niebla, según lo mires, frontal. Es muy blanco. Insomnio.

De dos cisnes cigüeñas y un loro, según lo mires, más a la derecha. Es demasiado oscuro. Insomnio.

De dos pájaros enormes a carboncillo y con algo de verde. Se ve claro lo mires como lo mires, por el tamaño, aunque hay quien pudiera ver un tercer pájaro no se sabe bien donde.

Un cisne, este es mucho más claro que el otro cuadro pero es también oscuro. Con detalle, se lee Raad Pensionaris, y alguna otra palabra escondida que aparece solo a veces. Jan Asselijn, The Threatened Swan, from Rijksmuseum.

Dos cuadros pequeños enmarcados en blanco a la izquierda: Blackbird, un precioso dibujo antiguo de dos pájaros negros, uno dentro y el otro fuera del nido, rodeados de verde ocre de campo de árbol. A su lado y de la misma medida un retrato: “A mi querida esposa”. Firma Magrinyà. Familia, la madre de mi bisabuela. No la conocí pero me gusta verla cerca aunque siempre haya estado lejos. El retrato es en carboncillo y minucioso. La mujer es elegante, morena y guapa, con una onda en la frente, pendientes de cristal y plata, y un cuello alto que la hace más esbelta si cabe. Humilde.

Cerca de estos dos cuadros y en la estantería metálica están el bol de madera del desierto con piedras, conchas, caracoles y meteoritos; las velas, los discos, la planta seca y la verde, el corazón de Berlín, la foto, el pájaro, partituras, papeles, kleenex en caja… Y libros.

La pared que tengo atrás es demasiado pesada para poder enumerarla. Se ha ido construyendo como una historia. Se podrían entrelazar las piezas y darían con la clave de todo el rompecabezas: desde Cuba a Florencia, de Formentera a otra Italia, de Färo a Cuba de nuevo, y Cadaqués pasando por montañas y ríos y campos de lagos… Y repitiéndose en bucle, como un acompañamiento sordo de la música, como un apoyo invisible del talón, los pájaros y las bellas mujeres antiguas se peinan, se abrazan, se acarician el hombro; y los campesinos trabajan con el gorro de paja en la cabeza, en otra imagen el cesto en la mano, y la postal de mi abuela del río, y la niña rubia porno que bucea desnuda y sonríe sin pechos. Y el búho, y el carboncillo de nuevo, y Dollita, y Pinocchio, y el Testu Bressy de 1786. Make me feel better, se lee, y se alza Pompeya con un pájaro, otra vez. Y en medio, como un guerrero sin como, como un estandarte de la lucha que entró aquel día para quedarse siempre en medio, como un interrogante que se dice qué hago yo aquí dentro: el chino de la suerte, con manuscritos en una mano y una espada en la espalda (como la Valquiria). Y yo le digo lo que hace aquí dentro…

Blanco, muy pequeño, de 2 x 4 centímetros. Nunca será pintado y siempre estará colgado. Es el cuadro de la vida. Vacío. El más pequeño. Ahora en vertical.

Love, en la esquina, rodeado de turquesas…

Y cajas, y siemprevivas, y siempre, libros.

Un colgador,

Y el corazón colgando de un hilo.

Insomnio.

 

 

Soplo

Soplo. Y descubro al soplar el sentido de la palabras: las letras. Se deshacen al soplar en 27 y 5 dígrafos, como en catalán, los dos del latino, y una l.l germinada.

Soplo, y descubro que el único sentido del aire es transportar las palabras, letra a letra, hoja a hoja, mano a mano.

Libretas, papeles, diarios, notas, cartas, textos viejos, principios de texto, textos de viaje, dificultades siempre para encontrar el final de los textos.

Diéresis, pronombres, excusas, dolores, nombres, hombres.

Y soplando siento que el movimiento está, que de dentro hacia fuera solo hace falta arrancar una palabra. La letra se hunde sin tú, sin otros personales, sin usar el adjetivo bonito.

Libros, ensayos, cartas, tarjetas, recetas, y un árbol por cortar que lo engendra todo y que guarda el papel de adán, el que creyó, el que escribió, el que dijo primero: yo.

Soplo y algo se mueve: el lugar del acento es vital y es absurdo. Es el verbo quien corrige; que es la nada de la lengua la que arde y dice el nombre; que no es la y la que no tiene sentido sin el yo.

Leo, escribo, leo, vivo, leo, no leo. Ver es leer. Leer es callar. Ver es hablar. Hablar es escribir. Leer es escribir. Y escribir es morir. A cada palabra de más, un soplo de menos.

Soplo de letras en el aire de la habitación casi oscura, en la calle que empieza a iluminarse y en los camiones que limpian la basura y en los que reparten la fruta, en el cielo soplo de letras en las golondrinas de verano y en las gaviotas de mar. Soplo de alas hablando y gimiendo todas moviéndose hacia otro lugar.

 

Celebración de viernes noche

Masticas, tuerces y quitas todo para entrar tú y te haces el rey y anulas el aire para poseerme, para reírte, para demasiados sin sentidos. Quemas el cerebro y los poros, arrasas con la piel de gallina y las lágrimas, anulas cualquier recurso corporal.

Soy tu demonio, vengo a celebrarte. Te aliñaré con chinchetas, pastillas y polvo de esparadrapo.

Se burla, se mira al espejo y crece.

El vertedero es apestoso, el aliento sangra, la sangre arde, y el pus es invisible como el dolor es invisible.

Soy tu demonio, vengo a celebrar contigo este viernes, que es de noche y verano, que es de flores de naranja jazmín, que es de palmeras y gaviotas. Vengo a celebrar contigo esta primavera transparente. Te pondré música, te haré bailar, te abrazaré y acariciaré, y cuando esté a punto de llevarte a la cama te pegaré una patada, te retorceré el cuello hasta hundirte, te meteré la pierna hasta el fondo de la boca, te cortaré los pies con un cuchillo, te comeré un poco de órganos, te cortaré el pelo mal y un dedo, te escupiré y te haré daño, mucho daño, tanto daño… Y te diré que eres buena. Y acabaré dándote las gracias, dolor.

 

La memoria es una gracia

El tren no se ha perdido, el barco todavía no ha llegado y tú ya te has muerto, y ya os habéis muerto demasiados. El funeral del final, la condena que ya conocíamos y nunca quisimos creer. Tú te has muerto y tú te vas a morir. La comedia es cruel. Dicen que necesaria, dicen que comprensible, dicen que sensata. Y no, no puedo creer que todo esté escrito en cromosomas. La vida es más larga que esa cadena y más corta que una molécula perdida. Hoy ha habido un funeral y tú te vas a morir. Y hubo poco tiempo para pensar que la vida era un cuento mientras existía la suerte de vivir como si todo fuera el mejor de los cuentos. No dejo de pensar cada día en el sentido de la nada, en el todo gran vacío que dejaste. Te has muerto y ya no puedo hablar contigo, y ya sois demasiados mis muertos… Tuviste poco tiempo para nadar en el agua clara, clara, clara, para desconocer la dureza descalza, para contar los días sin calendario. La vida se tuerce: difracción de rayos x. Te retuerces: te duele la barriga, te duele la cabeza, te duele el codo, te duele todo. A mi la espalda. Y la vida cambió, y la vida se torció: volvió la difracción de los rayos x. Te acuerdas de todo y no recuerdas nada. Hay un mapa dibujado en un lugar amplio y fresco del imaginario, hay un estanque que no deja de rebotar luces desde el agua hasta la retina, hay un camino al que poder volver, en el que poder refugiarse. La memoria es una gracia. Hoy ha habido un funeral, y un accidente peatón en el semáforo de Muntaner. Y ha habido una comida en la bodega, y una sobremesa en la bodega, y un loro en la bodega (Ricky), y un paseo después de la bodega, y una bonita charla contigo llena de estrellas refractando rayos x… Ha habido una alegría de libros nuevos y la muerte de conocer que estás enfermo y que quizá no te cures, y que quizá te mueras, y que nunca sea tarde para dejar nada a medias. Te puedes morir mañana y ya no podrás decir nada. Te has muerto y no puedo hablar contigo y, aunque lo sepa porque el tiempo me lo recuerda y porque el mar es inmenso, hablo contigo. Y la chica que ha cruzado el paso de peatones, y el hijo de puta que ha girado la esquina de la muerte sin verla. Ella, que estaba en medio del paso de peatones; él, que estaba en medio del momento en el que iba a matarla. Ella ha muerto tirada en la calle, rodeada de desconocidos que la han visto por primera y última vez, ¿qué sirenas habrá escuchado? Ella ha muerto hoy, que es jueves, y ayer murió él, un miércoles, y yo no me quiero morir mañana. Y ha habido una comida en la bodega para alimentar el alma, para satisfacer al alma, para entender un poco mejor que vivir tiene algún sentido. Amigos, amigos, amigos. Y llamarte al salir de la bodega, y que los periódicos hablen de guerra y de muerte, y que nosotros lo leamos pero no lo digamos nunca. Somos unos imbéciles preocupados por comprar el desodorante, olvidando que de camino a la farmacia podemos tener un accidente fatal, último, sin giro en el espacio, sin más pastillas para la garganta, ya… Te vas a morir mañana y yo también. Y que las moléculas hagan de las suyas y que las rutas al castillo puedan entenderse con literatura y vida. No es lo que parece. Nada es lo que parece. Porque el tren no se ha perdido y el barco aún no ha llegado. Hoy ha habido un funeral de la muerte. Hoy ha habido un accidente de la muerte. Y hoy ha habido muchas otras muertes. Y hoy ha habido muchos otros accidentes. Las despedidas de antes no cuentan, esta es la única. Y en su habitación habrá hoy mucho silencio, y en la tuya habrá demasiado ruido, y en la nuestra, quizá, algún abrazo. Y algo de memoria, y de muerte.

Tuya

Me gusta cómo me cuidas, me gusta cómo me dejas, me gusta cómo me acaricias y me sacas el polvo. Me gusta el tiempo que me dedicas, las compañías que me propones, los lugares en los que me plantas, las pocas cosas que me cuentas, las pocas cosas que conozco de ti.

Yo se cómo me ves desde fuera: muy alta, muy grande, poco verde.

Me gusta cómo me das de beber, cómo me enfocas al sol, cómo me entras a casa cuando no estoy bien y cómo me sacas al aire cuando no estoy bien. Me gusta cómo me arrancas las canas y me cortas las mechas, cómo me haces crecer, cómo me matas, cómo matas mis ratas. Me gustan las casas que me das, y las hormigas, la tierra que me ofreces, las píldoras mágicas, las piedras mágicas.

Yo se que me ves desde fuera: muy distinta, muy araña, muy alta, muy rara.

Y me gusta cómo me divides, y cómo me multiplicas…

Me gusta ser una planta tuya.

Y un beso

Canta suave, la guitarra acompaña, la vela, el jersey, el humo, las puertas, las ventanas, el pinta uñas, la infusión de jenjibre y miel y limón, los libros, las sillas, los cojines; esta posición horizontal: un calcetín puesto y el otro no, los bostezos, apagar la vela, dejar la música sonando de fondo para entrar a dormir mejor, la cara y los dientes, las pastillas, la cortina, y un beso.

Animales

Un caballo con campana. ¿Pobre o no? No lo sabremos nunca.

Un caballo, vacas, cerdos, gallinas, conejos, cabras, cabritas, vaquillas, potros, yeguas, sexos en los animales, los animales hacen sexo. (¿Confieso? Lo que más asco me da en el mundo es pensar que hay gente que folla con animales. He recurrido a esta idea más veces de las que me hubiese gustado, pero es así, es una mierda de realidad. Hay que tenerlo en cuenta. Yo lo he tenido más de una vez en cuenta, cuando me pregunto qué somos, qué soy, qué son, qué es, qué seremos, qué fui, qué serás, qué eres. Qué eres. Qué eres…).

Animales en la montaña campando a sus anchas comiendo prado y cagándolo todo a bien pesar del payés, encerrados entre una delgada línea camuflada en verdes fosforescentes que marca, que avisa, que esto es el poder, que mata.

Animales que no están en la montaña campando a sus anchas comiendo prado, preparados para servir en cazuela de pueblo exquisito y caro, que vende potro en su carta. Voy y me lo pido.

Animales en la montaña que sí campan a sus anchas.

¿Dónde vale todo?

Animales que son distintos, que son caballos y llevan campana de vaca. ¿Sabrán ellos que les están dando gato por liebre?

Animales que nunca veo y que están, que tienen número.

Aquí solo veo perros que cagan en la calle, y perros de amigos que les quieren y que son partes de mis amigos. Aquí solo veo palomas, algún gato, y gatos de amigos que les quieren y que son partes de mis amigos. Aquí solo veo peces en peceras, mosquitos en verano, moscas cojoneras, alguna mariquita en mi pequeño jardín y el pájaro negro que me vigila desde el primer día y no se mueve, clavado literalmente en el balcón de enfrente.

Animales que me quedan muy lejos. Son cosas que pienso cuando estoy con los animales.

Y esa cercanía tan próxima a la piel, a la carne, al deseo, al comer, al beber, al dormir, al otro, al otro, al otro…

Yo, pájaros.

 

PD: Tengo que escribir  mucho sobre pájaros. Es muy fuerte lo de los pájaros…

Todo el espacio

La línea es muy fina, ha aparecido esta mañana y ha cruzado todo el espacio. Es muy sutil y transparente, solo se ve cuando se gira un poco la cosa.

Es una línea que nace de la esquina inferior izquierda y sube cruzando hasta llegar más abajo de la mitad de la pared oeste. Nada, es un detalle. Si la luz no le da de manera directa, no se nota.

Pero si le da, si el rayo la atraviesa, el detalle se convierte en infierno: la vista queda torcida, hay un ojo que trabaja peor que el otro (el izquierdo), la cabeza también gira un poco, lo justo para ir trabajando la tortícolis de mañana, la mano, incluso, se mueve rara.

Si le da, lo sutil se transforma en más que evidente, y se ve sin tener que girar nada en el espacio.

Ha aparecido esta mañana y ocupa todo.

 

PD: Tengo que escribir mucho sobre el teléfono. Es muy fuerte lo del teléfono…

Me quedo, entro

Me quedo, entro, me quedo, entro. En la quietud de tus manos oigo pasos. Me quedo, entro, me quedo, entro. Te descubro y los años siguen pasando en la quietud de mis pasos. Oigo tus ojos. Me quedo, entro, me quedo, entro. Ando, andas torcido. Me resbalo en tus rodillas, me resbalo en tus labios, me resbalo y caigo hasta llegar. Me quedo, entro, me quedo, entro. Te tuerces, te retuerces, te caes, andas torcido. Veo en tus oídos el piano de cola y caigo hasta llegar. Me quedo, entro, me quedo, entro. Te levantas y vienes recto como el paso; el tiempo, los árboles, el frío, la casa… Y me levanto y estoy. Me quedo, entro.

 

Planes

– Transformar la espalda. Que pase de ser una base de pizza fina con zonas más duras que Monsterrat y que sea, y que sea, y que sea…

– Ir a la piscina. Nadar, bucear, flotar, estirar.

– Hidratarme. Beber tanta agua.

– Comer bien. Que el taper en el curro sea un regalo. Que por la noche sea fácil preparar la cena.

– Comprar bien.

– Desplazarme en bici. Después de casi dos años sin ella, limpia y hinchada, sale a la calle la negra.

– Naturaleza. Me faltan dosis inhumanas de aire limpio.

– Cambiar mi pelo. Tengo serios problemas con el look.

– Adelgazarme dos kilos, pero no de las tetas. Si se van de ahí, me los quedo.

– Mantener el peso y no matarme a dulces. Nutella regalo, pastel de zanahoria regalo, tostadas con mermelada y mantequilla regalo (y así hasta el infinito). Regalo sí, antes de que se convierta en peligro y fácil en pecado.

– La cocacola es premio. Vale, no es agua.

– Medicarme cuanto menos mejor: mantener la dosis justa de zaldiar y tratar de encontrar el resto de necesidades en remedios naturales.

– No, no podré nunca cambiar té por café.

– Aprender a cocinar platos nuevos.

– Tomar más fruta.

– Fumar menos.

– Untarme con manteca de coco.

– Tomar menos cruasans.

– Una sesión de pilates a la semana como mínimo.

– Arreglarme las cejas

– Pintarme las uñas

– Comprar otro pintalabios rojo

y, siempre,

… dormir

y

… foshar

Estos no son ni la mitad de los planes que tengo para por fuera.

 

 

Cama

El placer de la cama, aquí el horizonte se convierte en línea y la luz desampara la lengua ya apagada. Habita el placer, la habitación del placer. La cama como sueño. La cama, que cada noche se conecte tan lejos de la carne. Y los placeres de la carne tan cerca de la cama, y la sábana tan cerca de la cama, y la cama tan lejos de ti. Dormir, vivir con los ojos cerrados. Soñar, vivir con los ojos cerrados. Placer, vivir con los los cerrados. Al fin ha llegado la hora del placer de la cama. Abre los ojos. Y una rosa fresca en la mesa de al lado a la altura del cojín. Cierra los ojos, abre la nariz.

Apagas la luz, apagas la boca, y se abre un mundo oscuro de luces, también, apagadas. Huele bien. Duerme bien…

De ríos y pianos

La lluvia en forma de piano, el piano en forma de espejo, el espejo deformado; la forma en forma de nada, la nada en forma de algo, el algo en forma de todo, el todo en formato vacío. El vacío que se transforma, la forma que se desdobla, el doble de ti, la mitad de mi. Y, entre medio, un río en forma de piano…

La música en tonos grises, el aire apagado de viento, el silencio ocupado por algo, algo ocupando el ruido.

No quieres que te abracen las gotas, ni las notas, ni el silbato del aire, ni el alma del aire. No quieres que el agua manche lo negro, que las blancas se desdibujen, que los grises se manifiesten.

No, dejas que todo llueva para que se vaya.

Describir un domingo

Es invierno, hace frío. Y mucho sol. Es invierno. Abrigos y gafas de sol. Domingo, el día que menos cosas habría que hacer de la semana, y está todo pendiente. La ropa sucia pendiente, el polvo pendiente, el suelo pendiente, el congelador pendiente…

Es domingo, el teléfono calla, la calle enmudece, y te propones otro día muda, uno de esos domingos de invierno en casa tomando el sol y escribiendo. Describiendo el placer de escribir, aunque sea nada. De escribir cualquier cosa, de vivir. La música más alta que los coches, y te aíslas del mundo por un día en tu mundo de letras.

Describes ¿El paisaje? No hay, solo hay casas. Y algo de cielo, que es muy claro, muy sólido, y el sol, y dos líneas de aviones que se cruzan a su lado. Y las antenas, y la gente como soldados vagando por San Francisco. Alguna ambulancia de lejos, y el jazz va por encima.

Es domingo, no tienes ningún plan. El placer agónico de no hacer nada, alguna lavadora, algo de comida, un poco de polvo, ¿Algún polvo? No, no vas a follar. Te gusta escribir, aunque sea sobre nada.